Te conozco poco, pero los escasos días que hemos coincidido me he sentido muy cómoda. Sin embargo, demasiado poco tiempo, y demasiada gente alrededor.

He pensado tantas veces en hablarte que no sé qué quiero decirte. Me he recreado tanto en los buenos recuerdos que ya ni siquiera sé lo que siento. Pensé que cuando te fueras, me olvidaría, que la inquietud y la curiosidad irían remitiendo. Pensé que no contestarías al mensaje aquel que te culpaba de haber obviado la despedida. Pero seguiste ahí.

Soy muy insegura, bicho, y la incertidumbre es algo que me hace daño. Es más fácil escaparse sin tener que dar explicaciones, pero yo las necesito. Prefiero mil veces un rotundo “no” a dos palmaditas en la espalda, de soslayo.

No quiero más intermediarios. Todos dicen que sea valiente y que, al margen de tus historias, mire por mí. Que decida lo que me haga menos daño a largo plazo. Sólo quiero saber qué piensas, si alguna vez has repasado aquellos días, si tus besos significaron algo o la destinataria podría haber sido cualquier otra, si lo que yo sentía al tenerte cerca era, al menos, parecido a lo que sentías tú.